Hola, me llamo Bárbara y tengo una historia que contar...
Podría empezar contando que desde pequeña me ha gustado escribir, que he escrito muchos relatos que han acabado en un cajón o incluso en la basura, que tengo una gran imaginación, que soy de Barcelona... No sería mentira, pero es un topicazo.
En realidad, era una niña rara a la que le gustaba jugar con el diccionario, por lo que aprendí un montón de palabras y eso me sirvió más adelante para completar crucigramas. Leí cosas que no me tocaban por edad, le robé un tarot a mi madre y aprendí a leerlo. También aprendí de ella el arte del dibujo. Me tragaba todas las pelis de cine negro que emitían en TVE y también los musicales, que mi padre y yo gozábamos. Fui fan de las boy bands de los 80 y 90, aunque después me pasé al rock. Me teñí el pelo sin necesidad por primera vez a los catorce y pasé por casi toda la carta de color. Casi. Nunca fui rubia del todo. Ahora pinto canas y las luzco con orgullo. Jamás llevo tacones y solo me maquillo en ocasiones especiales. Hasta los cuarenta no tuve valor para tatuarme y hacerme un piercing en la nariz que deseaba desde los dieciséis. Me encanta cocinar y, para ser sinceros, lo hago muy bien. Pero por lo que estoy aquí, es porque tengo una historia que contar. Lleva mucho tiempo dentro de mí y pugna por salir.
Para poder contarla en condiciones, he tenido que aprender a escribir. No únicamente a juntar palabras. Después de dos años y medio de aprendizaje en el que me sigo sintiendo conscientemente incompetente, el bollo está en el horno, es decir, escribiendo el primer borrador.
Mi mentora dice que es necesario que tengamos una web de escritor. Y aquí estoy, creando mi propia web, dándomelas de hacker cuando me siento una analfabeta tecnológica. Pero todo sea porque tengo una historia que contar...